Hamlet

“Y yo os voy a decir el motivo: así me anticiparé a vuestra propia confesión; sin que la fidelidad que debéis al Rey y a la Reina quede por vosotros ofendida. Yo he perdido de poco tiempo a esta parte, sin saber la causa, toda mi alegría, olvidando mis ordinarias ocupaciones. Y este accidente ha sido tan funesto a mi salud, que la tierra, esa divina máquina, me parece un promontorio estéril; ese dosel magnifico de los cielos, ese hermoso firmamento que veis sobre nosotros, esa techumbre majestuosa sembrada de doradas luces, no otra cosa me parece que una desagradable y pestífera multitud de vapores. ¡Que admirable fábrica es la del hombre! ¡Qué noble su razón! ¡Qué infinitas sus facultades! ¡Qué expresivo y maravilloso en su forma y sus movimientos! ¡Qué semejante a un ángel en sus acciones! Y en su espíritu, ¡qué semejante a Dios! Él es sin duda lo más hermoso de la tierra, el más perfecto de todos los animales. Pues, no obstante, ¿qué juzgáis que es en mi estimación ese purificado polvo? El hombre no me deleita… ni menos la mujer… bien que ya veo en vuestra sonrisa que aprobáis mi opinión.”

Hamlet. Acto II, escena VIII. William Shakespeare

 

Reflexión sobre Joaquín V. González

La complejidad desconcierta a la comprensión moderna: un benefactor, un jefe político, un artista, un criminal o un empresario, deben ser eso y no otra cosa. El hombre múltiple, que ha sido el hombre excelente durante milenios, quizá se esté aproximando a un punto en que su condición, sin ser expresamente negada, llegue a ser inconcebible. Entonces, es de creer, para mencionarlo habrá que apelar a subterfugios: tal vez en algún momento Salomón ya no sea el sabio Salomón, sino un hijo de David.

En nuestra pequeña dimensión es probable que hoy ya ocurra así, por ejemplo, con Joaquín V. González, del que toda nuestra generación ha escuchado hablar –por Mis Montañas, es claro–, pues según los términos indicados, no debe haber existido. El relato de su vida y de sus trabajos, nadie dice que sea falso, pero difícilmente pueda asimilárselo a hecho verdadero. Sigue leyendo

Martina Chapanay

Martina Chapanay (1800-1887) fue una valerosa mujer mestiza, nacida en San Juan, que entremezclando leyendas y verdades, pasó a la historia como protagonista de una vida tumultuosa y violenta, que rozando muchas veces las fronteras del bandolerismo, la llevó a compartir hombro a hombro con los hombres de su época, los rigores de sus luchas por la Independencia primero, con las montoneras luego y que hasta llegó a ser “la chasqui de San Martín”. Fue ladrona de caminos, bandolera, Robín Hood con cara de mujer, cuchillera sin sosiego y heroína de la Patria.

Nació en 1800 en la Intendencia Córdoba del Tucumán (llamada así durante el Virreinato del Río de la Plata a la actual región de Cuyo). Su padre,  Ambrosio Chapanay, era un cacique Huarpe, aunque hay quienes dicen que fue un indio Toba que se refugió entre los huarpes y su madre una cautiva sanjuanina, quizás llamada Mercedes González o Teodora según otras versiones Sigue leyendo

Siddharta

Siddharta se sentó junto a su árbol y cerró los ojos. Lejos habían quedado los lujos de palacio; lejos Yasodhara y Rahula, los únicos por los que, tal vez, toda su empresa hubiera peligrado. Atrás estaban los cuatro estados que le habían sido revelados, la desesperación y la huida. Años habían pasado, de hambre y de frío; de desconsuelo, pero también de serenidad.

Desconocía cuál era la fuerza que lo guiaba, a través de las innumerables tentaciones que su triste transitar de hombre le acercaba. Quizás extrañara el lecho, a Suddhodana y a Kipilavastu. A su esposa, la alegre sensualidad que brotaba de su cuerpo y de su respiración agitada.

Pero no. Era el otro el que sentía todas estas cosas. Siddharta ya no existía. Los Shakya no eran para él, el Bodhisattva, sino un lejano recuerdo, algo que, como todo lo demás (como Siddharta mismo), debía morir.

La angustia de su último día de desconocimiento arremetía con una sutileza nunca antes sentida. Porque aun cuando, famélico, veía caer sus cabellos por el esfuerzo del ayuno, sentía tranquilidad. Comprendió que existen ciertas fuerzas que nos acechan ante la posibilidad de beatitud y que a ellas debía enfrentarse antes del nirvana. Aun así, continuó con los ojos cerrados y una pacífica sonrisa inespecífica en su rostro sereno. Sigue leyendo

El antropólogo ruso que refutó las teorías racistas en el siglo XIX

Nikolái Miklouho-Maclay fue un explorador, antropólogo y biólogo que investigó a los indígenas del sudeste asiático, Australia y Polinesia. Utilizó el método anatómico comparativo y refutó la teoría según la cual las diferentes razas pertenecían a especies diferentes, con lo que obtuvo elogios de parte de Lev Tolstói.

Durante el siglo XIX, cuando el poder expansionista europeo estaba en su apogeo, los antropólogos y los científicos occidentales popularizaron una serie de teorías que pretendían justificar la esclavitud y el colonialismo. Nikolái Miklouho-Maclay fue un científico nacido en la región de Nóvgorod que estuvo en la primera línea de frente luchando contra estas teorías.

«Los europeos solo creían en la igualdad, libertad y fraternidad de otros europeos, mientras propagaban ideas vinculadas a la ‘raza superior’ y a la ‘selección natural’, según las cuales otras razas estaban para servir al hombre blanco», explica  Dhara Wettasinghe, antropóloga de Sri Lanka que estudia la obra de Miklouho-Maclay. Sigue leyendo

Diarios, 4 de agosto de 1962

(fragmento)

«Ven a vivir conmigo. Tendremos todos los libros de poesía que existen en el mundo. Toda la música. Todos los alcoholes que arden en los ojos y corroen el odio. Nos embriagaremos hasta oscilar como seres de una materia fosforescente, y diremos tantos poemas que nuestras lenguas se incendiarán como rosas».

Alejandra Pizarnik