La vuelta a Verne en tres comentarios

Comentario 1:

La vuelta al mundo en ochenta días (Le Tour du monde en quatre-vingts jours), de Julio Verne, fue en principio publicada por entregas en Le Temps desde el 7 de noviembre hasta el 22 de diciembre de 1872, el mismo año en que se sitúa la acción. Después, sería publicada de manera íntegra el 30 de enero de 1873. Narra las peripecias del británico Phileas Fogg y de su ayudante Jean Passepartout, llamado «Picaporte» en castellano. Esta novela constituye uno de los relatos más cautivantes producidos por la imaginación humana, y una de las joyas de la literatura.

La historia comienza cuando el flemático y solitario caballero británico Phileas Fogg entra en una discusión con sus colegas del Reform Club, al enterarse de que un ladrón robó cincuenta y cinco mil libras del Banco de Inglaterra. Convencido de que el ladrón podría haber huido muy lejos, propone una arriesgada apuesta en el que compromete la mitad de su fortuna, convencido de poder dar la vuelta al mundo en solo ochenta días usando los medios disponibles en la segunda mitad del siglo XIX, y siguiendo el proyecto publicado en el Morning Chronicle, su periódico de lectura cotidiana. Sigue leyendo

Cocito

El sol se ponía sobre Campaldino, y un manto espectral cubría el campo bañado de rojo. El cielo se llenaba de pájaros que trazaban círculos de hambre, esperando el momento para arrancar carroñeramente la carne estéril y golpeada de los hombres. La imagen era desoladora, los cadáveres se amontonaban; el olor a sangre y muerte flotaba en el aire y los soldados recorrían los callejones de cuerpos mutilados en busca de objetos que pudieran vender.

Un joven soldado güelfo caminaba entre la muerte, exhausto y con la cara bañada en sangre, con la mirada al piso. En su rostro había un dejo de desesperanza, pero sus ojos conservaban la fe. En cada paso alzaba la vista esperando un milagro. Desoía los gritos y evitaba las desesperadas manos que se estiraban intentando alcanzar sus tobillos. Sigue leyendo

Junio

El día 7 de Junio de 1810 apareció en Buenos Aires la Gazeta de Buenos Ayres, primer órgano de prensa de las ideas patrióticas. En su redacción participaron Juan José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Manuel Alberti, Pedro Agrelo y Bernardo de Monteagudo. En junio de 2016 apareció el primer ejemplar de Nuestra Gazeta, órgano de la Resp:.Log:. Mariano Moreno 201, de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Hoy, que ya estamos transitando el mes de junio del año 2021, se cumple el quinto año consecutivo de aparición de esta revista trimestral.

Es por esto que este número es extraordinario. Esta calificación no es valorativa; simplemente será ésta una versión que –a guisa de festejo– hallarán más extensa que las otras para lo que hemos sumado a nuevos redactores. Sigue leyendo

La Biblioteca Nacional

El 16 de marzo de 1812 se inauguraba la primera biblioteca pública argentina. Esa primera sede estuvo en la actual Manzana de las Luces. Vale decir: en la intersección de las actuales calles Moreno y Perú. La biblioteca fue creada por decreto de la Junta de Gobierno de la Revolución de Mayo el 7 de septiembre de 1810 a instancias del secretario Mariano Moreno, y luego de varias idas y vueltas respecto de los protectores y bibliotecarios, finalmente abre sus puertas al público un año y doce días después de la muerte de Moreno en alta mar, y durante el gobierno del Primer Triunvirato. Sigue leyendo

Pensamientos que vienen desde muy lejos en el tiempo

Isaías (del hebreo, ישעיהו—Ieshaiáhu, y que significa: «Jehová es salvación») fue uno de los «profetas mayores» (junto con Jeremías, Ezequiel y Daniel), cuyo ministerio tuvo lugar en el Reino de Judá durante las monarquías de Uzías, Jotán, Acaz, Ezequías y Manasés, durante el siglo VIII a.C.. Profetizó durante la crisis causada por la expansión del Imperio asirio. Escribió por lo menos la primera parte del libro bíblico que lleva su nombre.

Isaías fue un estadista, asesor de reyes, poeta, orador y escritor, hijo de Amoz (no confundir con el profeta Amós) y fue llamado «el príncipe de los profetas» valorándosele, fundamentalmente, por las escrituras que legó a su nación y a las subsecuentes generaciones de su pueblo elegido. Nació probablemente en Jerusalén hacia 765 a.C. y fue asesinado, según se cree, por el rey Manasés en 695 a.C. Según la tradición talmúdica, Isaías posiblemente fue primo de Ozías y pariente de los reyes contemporáneos de Judá. Sigue leyendo

Anécdota y algunas reflexiones

Hay una anécdota en que participa el presidente Agustín P. Justo, que lo fue de nuestro país entre 1932 y 1938, época en que los gobernantes y otras personas prominentes no vivían todavía en enclaustramientos extremos y gozaban aún de cierto margen de libertad, hoy día inconcebible; el propio Justo se lo tomaba al almorzar con no demasiada infrecuencia en el Jockey Club –que se hallaba, antes del incendio, dónde ahora está la Galería Jardín– y luego, enfrascado en pensamientos, realizaba una caminata salutífera por Florida hasta Plaza de Mayo, la que atravesaba para ingresar en la Casa Rosada.

Asombrosamente, lo hacía en soledad visible –ya lo sé: acaso fingida, pues tal vez hubiese “tiras” entre los otros peatones–, en medio de la indiferencia de aquellos con los que iba y con los que se cruzaba, esto a despecho de la proverbial impopularidad porteña que caracterizó a ese mandatario.

Caminaba lento y miraba. Y por ahí, ese día, vio a alguien al que reconoció, literato añoso al que había tratado: -¡Fulano! -¡General! Se saludan y, charlando, caminan juntos un par de cuadras. En medio de la conversación, el presidente le espeta: –Fulano, ahora que lo he encontrado: ¿qué puedo hacer por usted?

–Nada, presidente, nada… -¡Vamos…! –De veras, nada: por muy gobierno que sea el gobierno ni puede hacer de mí un gran escritor ni me puede devolver la juventud.
Sigue leyendo

El hombre que nos enseñó a tener frío

Horacio Quiroga adoraba a Martínez Estrada como a un hermano menor y le regaló una hectárea de su propia tierra en Misiones, para tentarlo de que fuera su vecino. La desmontó él mismo a machete limpio, le mandó por correo el título de propiedad y los planos de la casita de madera que podía construirle con sus manos. Hasta los muebles le ofrecía hacer (y eran famosamente cómodos los muebles que hacía Quiroga, con ayuda del mensú devenido carpintero Jacinto Escalera). Martínez Estrada tenía un trabajo de cuarta en el Correo Central y detestaba el ambiente literario de Buenos Aires, pero no se decidía a partir a Misiones, así que Quiroga apeló a un último recurso para convencer a su melómano amigo: le mandó un violín hecho en madera de timbó. “Era tan chato de pecho y espalda como el propio Quiroga, tenía un clavijero prehistórico, las efes labradas torpemente a gubia y emitía un sonido de gato en celo, mitad hipnótico y mitad horripilante.” Martínez Estrada entendió con el corazón estremecido que así sería la vida como vecino de Quiroga en Misiones, pero se libró de escribir esa carta cruel porque su amigo apareció por Buenos Aires. Sigue leyendo

La manzana

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

Ana María Shúa

La sospecha que transforma al ser humano

El folclore alemán cuenta la historia de un hombre que, al despertar, se dio cuenta de que su hacha habí­a desaparecido. Furioso, pensando que su vecino se la habí­a robado, se pasó el resto del dí­a observándolo.

Vio que tení­a maneras de ladrón, andaba furtivamente como un ladrón y susurraba como un ladrón que pretende esconder su robo. Estaba tan convencido de su sospecha, que decidió entrar en casa, cambiarse de ropa, e ir a la comisarí­a a poner una denuncia.

Nada más entrar, sin embargo, encontró el hacha -que su mujer habí­a colocado en otro lugar-. El hombre volvió a salir, examinó nuevamente a su vecino, y comprobó que andaba, hablaba y se comportaba como cualquier persona honesta.

Paulo Coelho

Especulación y ficción en “Deutsches Requiem” de Jorge Luis Borges

“Deutsches Requiem” de Borges está contado como si fuese una reafirmación de la ideología nazi y del depravado proceder por parte del narrador personaje Otto Dietrich Zur Linde, en tanto que la figura de David Jerusalem representa al pueblo israelita, víctima del holocausto. Este texto puede parecer a simple vista un mero repaso de las memorias del narrador, sin embargo, al comienzo, cuando este se refiere a su linaje nos aparece una supuesta nota del editor. Esta no es más que un hábil artilugio empleado por Borges, ya que de alguna manera se pone en jaque el origen genealógico de Otto, aludiendo a que su tatarabuelo Johannes Forkel no solo era judío sino teólogo y hebraísta. Borges, de esta manera, pone en tela de juicio la idea del nazismo sobre la pureza de sangre del pueblo alemán que era, según los nacionalsocialistas, de etnia aria, como descendientes de los teutones. Por otra parte, Borges emplea la ficción como si fuesen referencias a hechos del pasado, especulando así entre dos campos discursivos: la literatura y la historia. Sigue leyendo