Las moscas

Al rozar el monte, los hombres tumbaron el año anterior este árbol, cuyo tronco yace en toda su extensión aplastado contra el suelo. Mientras sus compañeros han perdido gran parte de la corteza en el incendio del rozado, aquél conserva la suya casi intacta. Apenas si a todo lo largo una franja carbonizada habla muy claro de la acción del fuego.

Esto era el invierno pasado. Han transcurrido cuatro meses. En medio del rozado perdido por la sequía, el árbol tronchado yace siempre en un páramo de cenizas. Sentado contra el tronco, el dorso apoyado en él, me hallo también inmóvil. En algún punto de la espalda tengo la columna vertebral rota. He caído allí mismo, después de tropezar sin suerte contra un raigón. Tal como he caído, permanezco sentado –quebrado, mejor dicho– contra el árbol.

Desde hace un instante siento un zumbido fijo –el zumbido de la lesión medular– que lo inunda todo, y en el que mi aliento parece defluirse. No puedo ya mover las manos, y apenas uno que otro dedo alcanza a remover la ceniza. Sigue leyendo

Los Dos Que Soñaron

Un habitante de El Cairo sueña que una voz le ordena en sueños que vaya a la ciudad de Isfaján, en Persia, donde lo aguarda un tesoro. Afronta el largo y peligroso viaje y en Isfaján, agotado, se tiende en el patio de una mezquita a descansar. Sin saberlo, está entre ladrones. Los arrestan a todos y el cadí le pregunta por qué ha llegado hasta la ciudad. El egipcio se lo cuenta. El cadí se ríe hasta mostrar las muelas y le dice: «Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en El Cairo en cuyo fondo hay un jardín y en el jardín un reloj de sol y luego una fuente y una higuera y bajo la fuente está un tesoro. Jamás he dado el menor crédito a esa mentira. Que no te vuelva a ver por Isfaján. Toma esta moneda y vete”.

El otro se vuelve a El Cairo: ha reconocido en el sueño del cadí su propia casa. Cava bajo la fuente y encuentra el tesoro….

De Las Mil Y Una Noches.

De enfermedades, vacunas y buenas gentes

De enfermedades, vacunas y buenas gentes
“Obra de manera tal que tu
máxima sea máxima universal.”

Immanuel Kant

“Similia similibus curentur” (lo siilar cura lo similar) es un principio básico de la homeopatía. El término homeopatía tiene su origen en las ideas de Christian Friedrich Samuel Hahnemann (1775-1843), un médico alemán que utilizó por primera vez la palabra en su trabajo Indications of the Homeopathic Employment of Medicines in Ordinary Practice (“Indicaciones del empleo homeopático de medicinas en la práctica ordinaria”)

Este concepto del Doctor Hahnemann, ha tenido precursores. Hipócrates (460 AC, 377 AC) fue un médico griego que se le llamó desde la Edad Media «El padre de la Medicina». Relacionaba las funciones de nuestro organismo con el equilibrio de cuatro elementos: la tierra, el agua, el fuego y el aire, los cuales representaban los cuatro humores corporales (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) y confiaba en la fuerza curativa de la naturaleza. Insistía en que el médico debe estudiar al paciente, no sólo su enfermedad. Para hacer un diagnóstico correcto debe conocer su rutina diaria, su ocupación, antecedentes familiares y el medio en el que vive. Un exceso o deficiencia de cualquiera de los humores corporales se traduciría en mala salud. El deber del médico consistía en establecer y conservar el equilibrio adecuado de dichos humores. Sigue leyendo

La virgen y el niño con Santa Ana

Si bien no es su arreglo más exitoso, es una representación atípica de Virgo para la época y debe haber sido impactante para algunos espectadores contemporáneos. La alegoría es esencialmente simple. La virgen, con la ayuda de su hijo, al que sostiene, pisotea una serpiente, emblema del mal o del pecado original. Santa Ana, a quien se pretende honrar el cuadro, es una abuela arrugada que presencia el suceso. Finos halos coronan a los sinceros; la serpiente retrocede en anti-halos. Tanto María como Jesús caminan descalzos; Jesús es un niño incircunciso completamente desnudo. Todo lo demás es principalmente sombra, y las figuras adquieren monumentalidad a la luz.

Michelangelo Merisi da Caravaggio
(Milán, 29 de septiembre de 1571- Porto Ércole, 18 de julio de 1610)
El larguísimo expediente de delitos de Michelangelo Merisi

Su vida estuvo llena de luces y sombras, como en su arte. La existencia de Michelangelo Merisi da Caravaggio fue una montaña rusa en la que no faltaron sórdidas compañías, continuas peleas, perpetuas juergas y borracheras, acusaciones de sodomía y pederastia, ataques a la autoridad e incluso mutilaciones genitales. Sigue leyendo

Dario Fo

“Venga. Venga ya, primero
le dan el premio a un negro,
luego a un escritor judío
y ahora a un payaso. ¿Qué pasa?
Como dicen en Nápoles: ¿pazziàmme?
¿Han perdido el seso?”

Fragmento del discurso que dio Dario Fo al recibir el Premio Nobel de Literatura.

Dario Fo

Dario Fo nació en Sangiano, localidad de la provincia de Varese, Lombardía, Italia, el 24 de marzo de 1926, y falleció en Milano el 13 de octubre de 2016. Estudió pintura y arquitectura en la Academia de Bellas Artes de Brera, y allí comenzó su carrera como actor y escritor de obras de arte dramático.

En 1954, Fo se casó con la actriz Franca Rame, con quien fundó en 1959 la compañía teatral “Dario Fo – Franca Rame”. El éxito conseguido con la Cía Fo–Rame los hizo sentir esclavos de la burguesía y replantearse su actividad en el teatro. Fruto de esta crisis fundaron, en 1968, la compañía teatral autogestionada “Nuova Scena” con el ánimo de realizar un teatro auténticamente popular, crítico, social y que fuera eficiente desde lo político. Sigue leyendo

Futuro Continuo

Dicen que la famosa frase de Protágoras de Abdera completa reza así: πάντων χρημάτων μέτρον ἔστὶν ἄνθρωπος, τῶν δὲ μὲν οντῶν ὡς ἔστιν, τῶν δὲ οὐκ ὄντων ὠς οὐκ ἔστιν lo que se traduce: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son”. Suele recordarse la primera parte de la frase: “El hombre es la medida de todas las cosas”, pero es muy importante pensarla recordando la totalidad del concepto que transliterado al latín dice: “hos ésti” (las que son) y “hos ouk éstin” (como no son).

Interesante reflexión, sobre todo para los que hablamos en español, porque nosotros sabemos que los infinitivos “ser”, “estar” y “existir” no significan necesariamente lo mismo. Vale decir: hay cosas que existen porque son en los otros, pero en realidad sólo como alegoría del no ser de un ente. Ejemplos sencillos: la oscuridad y el frío. Existen pero no son. Una, la oscuridad, existe en tanto alegoría del no ser de la luz, y la otra, el frío, del calor. Si pensamos que para los antiguos no había otra forma de pensar la luz y el calor que no fuera referida al sol, y a todas las alegorías que generan luz y calor, como pueden ser –entre otras–: conocimiento y afecto, no es difícil pensar en la calificación de “Astro rey” para el sol, y el consecuente e importante número de creencias que surgieron de su adoración.

Este tipo de conceptos viene desde Parménides de Elea, y han sido seriamente discutidos por más de dos mil años hasta que Martin Heidegger descubrió que aquellos infinitivos eran gerundios; vale decir: formas verboides imprescindibles para conjugar el presente y el pasado continuo. Futuro continuo no hay. Sigue leyendo

La Torre

“Declaro que esta torre es mi símbolo,
declaro que esta monótona escalera de caracol
es mi escalera ancestral;
que Goldsmith y Dean,
que Berkeley y Burke
han subido por ella”.

William Butler Yeats (1865-1939)

“La escalera de caracol y otros poemas” (1933)

La Derrota de Incitatus

Los presentes se miraron, solo para comprobar que lo que habían escuchado era cierto, pero en realidad, la orden no sorprendió a nadie. La ejecución era irrevocable.

Acompañado de dos hombres, cruzó la villa de hermosos jardines, y se paró frente a la puerta del palacete. Contempló admirado la madera tallada antes de tocar. Un sirviente lo acompañó hasta donde estaba Penelope, que se puso de pie al verlo entrar.

–¿Es definitivo? preguntó. Él asintió con la cabeza y luego preguntó dónde se encontraba.

–Está descansando. Fue una tarde difícil.

–¿Está con él?. Sí, respondió ella, Desde que lo trajeron.

Penélope movió levemente la cabeza, y un sirviente se aproximó; gentilmente les pidió que lo acompañaran. Caminaron entre pasillos adornados suntuosamente con oro, mármol y marfil. Sigue leyendo

Wagner y la Filosofía

Schopenhauer sostenía, en un sentido literal, que los seres humanos son una encarnación de la voluntad metafísica, de modo que tener la voluntad de hacer algo, querer, desear, ansiar o anhelar algo no son tan sólo cosas que hacemos sino que todo esto es lo que somos. Y la música, decía, también era una manifestación de la voluntad metafísica, su voz audible y significativa en el mundo empírico; lo cual significa que la música corresponde directamente a lo que nosotros somos en nuestro fuero interno más profundo, una vida alternativa. Sigue leyendo

La Conferencia

El conferenciante entró jovial. Era en uno de los salones de la Real Academia de Ciencias de Bruselas y, si mis recuerdos no me engañan, iba a tratar el problema de los métodos de verificación de una suma: el conferenciante descartaba a priori la verificación estadística (por x número de personas) y la convicción subjetiva y de buena fe sobre el resultado. Pero tal vez se trataba más bien de lo contrario. Se sentó, desplegó sobre la mesa las hojas de una carpeta y, antes de comenzar a desarrollar su tema, contempló durante unos segundos la jarra transparente, sonrió como para sí mismo, y dijo: Yo acostumbro a dormir la siesta antes de dictar una conferencia, para tranquilizarme, porque la obligación de hablar en público me pone siempre muy nervioso. Así que hace una hora tuve un sueño. Tres personas diferentes fotografiaban rinocerontes. Eran tres imágenes sucesivas, pero el método que empleaban para sacar la fotografía era el mismo: se internaban en el río hasta la cintura, y fotografiaban de esa manera al rinoceronte, que se encontraba a unos metros de distancia, en el agua. Se trataba de rinocerontes, no de hipopótamos. El último de los fotógrafos era un poeta amigo mío (al que no conozco personalmente). Era mi amigo en el sueño. Este poeta, de fama universal, me explicaba en detalle el procedimiento que se emplea habitualmente para fotografiar rinocerontes. Y, en nombre de nuestra vieja amistad, me regalaba la fotografía que acababa de sacar. El conferenciante hizo silencio y recogió de entre sus papeles un rectángulo coloreado. Después, antes de comenzar la disertación propiamente dicha, concluyó su relato: Tal vez ustedes crean que este sueño que acabo de contarles es pura invención. Y bien, estimados oyentes, se equivocan. Aquí tengo la prueba, dijo, y alzó la mano mostrando al público la fotografía en colores de un rinoceronte en un río africano, todavía húmeda, a causa sin duda de la proximidad del agua o del reciente revelado.

Juan José Saer