Torturas clásicas: la Condesa sangrienta

 

Fruits purs de tout outrage et

[vierges de gerçures.

Dont la chair lisse et ferme

[appelait les morsures!

Boudelaire

Salvo algunas interferencias barrocas –tales como la “Virgen de hierro”, la muerte por agua o la jaula– la condesa adhería a un estilo de torturar monótonamente clásico, que se podría resumir así:

Se escogían varias muchachas altas, bellas y resistentes –su edad oscilaba entre los 12 y los 18 años– y se las arrastraba a la sala de torturas en donde esperaba, vestida de blanco en su trono, la condesa. Una vez maniatadas, las sirvientas las flagelaban hasta que la piel del cuerpo se desgarraba y las muchachas se transformaban en llagas tumefactas; les aplicaban los atizadores enrojecidos al fuego; les cortaban los dedos con tijeras o cizallas; les punzaban las llagas; les practicaban incisiones con navajas (si la condesa se fatigaba de oír gritos les cosían la boca; si alguna joven se desvanecía demasiado pronto se la auxiliaba haciendo arder entre sus piernas papel embebido en aceite). La sangre manaba como un géiser y el vestido blanco de la dama nocturna se volvía rojo. Y tanto, que debía ir a su aposento y cambiarlo por otro (¿en qué pensaría durante esa breve interrupción?). También los muros y el techo se teñían de rojo.

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Resistiré

Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz

 

Cuando tenga miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared

 

Resistiré erguida frente a todo
Me volveré de hierro
Para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie

 

Resistiré para seguir viviendo
Soportaré
Los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré.

¡Resistiré!

Canción de una Pandemia

Cuando en 1918 Europa estaba devastada por la Primera Guerra Mundial y el conflicto llegaba a su fin, un nuevo elemento distorsionador vino a empeorar la situación. A partir de marzo de 1918 comenzó a extenderse una epidemia de gripe, minusvalorada al principio por todos los países, pero que, con el paso de los meses, hizo estragos. Mal conocida como la gripe española, sus acciones se extendieron por una Europa destruida entre 1918 y 1920, aunque su extensión fue mundial y provocó millones de muertos.

El año de esa pandemia, en España se estrenó una zarzuela en Madrid con el nombre La canción del olvido, de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde, con música de José Serrano. En esa zarzuela se hizo muy famosa la canción “Soldado de Nápoles”, que se extendía por España al ritmo que la pandemia de gripe. Por eso a la propia pandemia se la conoció con el nombre de la canción, y en España recordar la música es acordarse de la gripe española. Un himno para una pandemia hace más de cien años.

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Narciso y Eco

Eco era una ninfa que habitaba en el bosque junto a otras ninfas amigas y le gustaba cazar por lo que era una de las favoritas de la diosa Artemisa…

Pero Eco tenía un grave defecto: era muy conversadora y además en cualquier conversación o discusión, siempre quería tener la última palabra.

Cierto día, la diosa Hera salió en busca de su marido Zeus, al que le gustaba divertirse entre las ninfas. Cuando Hera llegó al bosque de las ninfas, Eco, la entretuvo con su conversación mientras las ninfas huían del lugar. Sigue leyendo

Instrucciones para Elegir un Picado

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quienes integraran los dos bandos.

Generalmente, dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en que medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme a su elección sea cada vez más demorada.

Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber que sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.

Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.

El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños indeseables.

Alejandro Dolina (Crónicas del Ángel Gris)

Historia Verídica

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

Julio Cortázar

Aristófanes

Dijo Aristófanes (Atenas,444 a.C.–ibidem,385 a.C), comediógrafo griego y principal exponente del género cómico:

  • La desconfianza es madre de la seguridad.
  • Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos.
  • En las adversidades sale a la luz la virtud.
  • Todo el mundo sabe que los hombres viejos son dos veces niños.
  • Hay que ser remero antes de llevar el timón, haber estado en la proa y observad los vientos antes de gobernar la nave.
  • ¡Quieran los dioses que cada uno desempeñe el oficio que conoce!
  • Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestra vida fugaz como vanas sombras o ensueños mentirosos.

La Mujer Librepensadora

Julieta Lanteri nació en Italia en 1873. Pocos años después se estableció en Argentina, donde cursó sus estudios, obteniendo los títulos de farmacéutica y médica. En 1906 participó en el Congreso Internacional del Libre Pensamiento.

En 1910 propició y participó en el Primer Congreso Internacional de la Mujer, junto a otras destacadas personalidades como Belén de Sárraga, masona española y dirigente de la Federación Argentina de El Derecho Humano.

En 1913, Lanteri organizó el Primer Congreso del Niño. En 1918 fundó y presidió el Partido Feminista Nacional. En 1919 fue candidata a diputada. Fue la primera mujer que sufragó en Sudamérica en las elecciones municipales de Buenos Aires en 1911, ocasionándole problemas, ya que después de esto, el voto femenino fue prohibido por las autoridades. Cultivó la amistad de numerosos dirigentes políticos, socialistas y masones, tales como Alfredo Palacios y José Ingenieros.

Murió en 1932, atropellada por un automóvil. Hasta el día de hoy se sospecha que fue asesinada. Sigue leyendo

El Libro de Arena

Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas.

Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.

Jorge Luis Borges

La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes… No, decididamente no es éste, more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico. Sigue leyendo

Huckleberry Finn

El 18 de febrero, pero de 1885, vio la luz en los Estados Unidos la novela Las aventuras de Huckleberry Finn (Adventures of Huckleberry Finn), obra de Mark Twain, considerado el Dickens norteamericano. Esta obra representa una de las primeras grandes novelas estadounidenses. También fue una de las primeras novelas escritas en inglés vernáculo norteamericano particularmente hablado por el arrador y protagonista principal de la historia, Huckleberry “Huck” Finn.

La historia nos cuenta los hechos ocurridos cronológicamente luego del término de la novela Las aventuras de Tom Sawyer, suponiendo entonces que esta historia sería una especie de continuación para la misma. Sigue leyendo