Pequeño Órganon para Teatro

Fue como si la humanidad sólo entonces se hubiese puesto manos a la obra, consciente y unitariamente, para hacer habitable la estrella donde vivía. Muchos de los elementos, como el carbón, el agua y el petróleo, se transformaron en tesoros. Se utilizó el vapor para mover vehículos; ciertas chispas y el estremecimiento de las ancas de rana denunciaron una fuerza natural capaz de producir luz y de llevar el sonido de un continente a otro, etc. El hombre miró a su alrededor con nuevos ojos y vio cómo las cosas, desde siempre vistas como nunca explotadas, podía emplearlas en beneficio de su comodidad. Su contorno fue transformándose decenio tras decenio, después año tras año, y finalmente casi día a día. Yo, que escribo esto, lo estoy haciendo con una máquina desconocida cuando nací. Me desplazo con los nuevos vehículos a una velocidad que mi abuelo no podía ni imaginarse; nada se movía entonces tan rápidamente. Y puedo elevarme por los aires, cosa que mi padre no podía hacer. Con mi padre pude ya hablar desde un continente a otro; pero sólo con mi hijo puedo ver las imágenes en movimiento de la explosión de Hiroshima.

 

Bertolt Brecht

El Pequeño Órganon Para Teatro

1948

La Obra Maestra

Auto-epitafio
“Amén… Aquí se olviden las
quemadas cenizas de un hombre
que amó al HOMBRE, y nunca odió
a los hombres, aunque parezcan
puños sus palabras escritas”.
A.Y.

El mono cogió un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales:

-¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo.

Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello sólo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.

Álvaro Yunque

María Guadalupe Cuenca

María Guadalupe Cuenca, nacida en el Alto Perú, hoy Bolivia; apenas con catorce años se casa con Mariano Moreno, con quien se traslada a Buenos Aires, convertido en líder de la Revolución de Mayo y en medio de las típicas intrigas entre revolucionarios, es comisionado a Londres y muere sospechosamente en alta mar a días de haberse embarcado. Durante seis largos meses, Lupe espera respuesta a las diecisiete cartas y una esquela que le ha escrito. Las cartas de Lupe son reveladoras. No sólo lo hubieran sido para su esposo, de haber podido leerlas sino para todos nosotros, acerca de las intrigas y las traiciones desencadenadas en Buenos Aires y el estado de la revolución.

Por ejemplo, esto escribía Guadalupe: “Todos los días nos asustan con Elio (el virrey Francisco Javier de Elio), dicen que viene a bombear; en la otra banda se han levantado contra los de Montevideo, salió ahora días José Moldes con seiscientos hombres a la otra banda, Vieytes ha salido a comisión no se sabe dónde. Bustamante estuvo a verme y todos tus amigos a ofrecérseme”. Sigue leyendo

¡Qué obra maestra es un hombre!

«…Últimamente, pero no sé por qué. He perdido la alegría y olvidado mis acostumbradas actividades. Y esto afecta tanto a mi salud, que este bello marco, la tierra, me parece un estéril promontorio. Esta magnífica bóveda, el cielo, ¿veis?, este excelso firmamento que hay sobre nosotros, este techo majestuoso, sembrado de dorado fuego. No me parece otra cosa, que una sucia y pestilente congregación de vapores.

¡Qué obra maestra es un hombre!

Que noble en su razón, qué infinitas su facultades, qué perfecto y admirable en forma y movimiento, cuán parecido a un ángel en sus actos, cuán parecido a un dios en entendimiento, la belleza del mundo, el parangón de los animales. Aun así, para mí, ¿cuál es la quintaesencia del polvo? El hombre no me agrada. No, ni la mujer, aunque parezcáis decir eso con vuestras sonrisas».

William Shakespeare

Hamlet, Acto 2do. Esc. II

Wilhelm Adalbert Hosenfeld

«El salvador de la vida de judíos al que honramos
muestra que hubo gente de uniforme,
incluso bajo la dictadura y el terror,
que defendieron la humanidad y la compasión»

Palabras del embajador adjunto de Israel, Ilan Mor,

Pronunciadas en Berlín, el 19 de junio de 2009

Un día como el de hoy, 13 de agosto, pero de 1952, moría en  Stalingrado Wilhelm Adalbert Hosenfeld, quien había nacido en Mackenzell, cerca de Fulda, el 2 de mayo de 1895. Profesor en su juventud, fue un oficial alemán de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial que alcanzó el rango de capitán al final de la guerra. Hosenfeld ayudó a rescatar y esconder a polacos, incluyendo judíos, en la Polonia ocupada por los nazis.

El joven Hosenfeld tenía 19 años, estalló la Primera Guerra Mundial. Wilm participó en la contienda como soldado de infantería, siendo gravemente herido en 1917 y recibiendo la Cruz de Hierro de Segunda Clase. Sigue leyendo

La gallina

“Estúpida, tímida y libre. No victoriosa como sería un gallo en fuga. ¿Qué es lo que había en sus vísceras para hacer de ella un ser? La gallina es un ser. Aunque es cierto que no se podría contar con ella para nada. Ni ella misma contaba consigo, de la manera en que el gallo cree en su cresta. Su única ventaja era que había tantas gallinas, que aunque muriera una surgiría en ese mismo instante otra tan igual como si fuese ella misma”.

Cuento de Clarice Lispector

Allá por 2017, el periodista Henrique Mariño, firmaba esta nota en el diario digital “Público” de Madrid, en la que narraba historias de mujeres que se vistieron como hombres para burlar las prohibiciones machistas: “Si no puedes con tu enemigo, vístete como él” –arranca Mariño con una serie variopinta de relatos– “Y así lo hicieron para poder desarrollar su vocación, cumplir su sueño, luchar por una causa o realizarse con un trabajo que les habían prohibido ejercer. Célebres médicos, arqueólogos, conseguidores, soldados, pintores, independentistas, marinos, escritores, abogados, universitarios o botánicos fueron mujeres enfundadas en ropas o uniformes masculinos. Las había heterosexuales, lesbianas y transgénero. Hasta se habló de un papa que en realidad era papisa, aunque la historia ha archivado el sexo de Benedicto III en la categoría de la leyenda, surtida de anécdotas vaticanas de inspiración testicular (…) De blanco también vestiría hoy la papisa Juana, aunque en el año 855 el sumo pontífice todavía usaba una túnica púrpura. Su historia es tan loca que cabe incluirla en el capítulo de las leyendas: dos años después de comenzar su pontificado —bajo el nombre de Benedicto III o Juan VIII—, dio a luz en medio de una procesión al fruto del embajador Lamberto de Sajonia, por lo que fue lapidada allí mismo. Menos gore es la versión que apunta a su muerte durante el parto. Sea como fuere, el historión de la mujer que quiso suceder a Pedro como santo padre motivó la creación de un oficio inédito hasta entonces: sexador de papas. Mito o realidad, el candidato a obispo de Roma tuvo que someterse a partir de entonces, por culpa del atrevimiento de la papisa Juana, al escrutinio de sus genitales. Sigue leyendo

Experiencia Y Reflexiones Sobre La Fraternidad

Las reuniones masónicas se denominan: “tenidas”, y los trabajos que se leen en ellas se llaman: “planchas”. Con la debida autorización del redactor, compartimos –sin las formalidades que la lectura en tenida exige– esta plancha que trata sobre uno de los pilares sobre los que se afirma la masonería: la fraternidad.

Fraternidad, uno de los postulados sobre el cual se cimienta la filosofía masónica.

Asumiendo el riesgo de la auto referencialidad, tuve el deseo de recorrer experiencias vividas que fundamentaran mi convicción de haber transitado personalmente esta consigna.

Guardo con mucho cariño en mi memoria un episodio que estuvo constituido por varios hechos que, a mi modo de ver, fueron grandes manifestaciones de FRATERNIDAD.

Hace casi cuarenta años, un grupo de jóvenes y no tan jóvenes, encararon el desafío de organizar una gira deportiva por el Reino Unido. Hoy nos puede parecer una práctica bastante habitual, pero les puedo asegurar que en aquel entonces no lo era, y mucho menos para la división superior de un club que había sido fundado apenas siete años antes. Sigue leyendo

Jacques Derrida

El 11 de octubre de 2019, a 15 años de la muerte del filósofo francés, Eduardo Fabbro firmó en la contratapa del diario Página 12 este artículo que tituló: Jacques Derrida, el último subversivo.

Hay que ser fundamentalmente honesto para figurar entre los filósofos vivos más importantes y escribir un último libro en cuyas primeras páginas figura la anécdota de un psicoanalista que confiesa los límites de su comprensión del mundo. Hay que ser inmensamente humano y comedido para escribir, en otro libro final, soy “un espectro ineluctable que nunca ha aprendido a vivir”. Cuando ambos destellos pertenecen a un filósofo, entonces podemos anticipar que la experiencia de la lectura será una revelación subversiva. Ese autor es Jacques Derrida (1930-2004), uno de los filósofos franceses más impactantes del siglo XX y XXI. Sigue leyendo

Nombres

Hubo un hombre que soñó el nombre de la luna.

Hubo un hombre, primero entre los hombres, que nombró al sol.

Hubo hombres que conocieron el sabor de esos nombres en su boca; los nombres que no habían sido y que ahora, la memoria guarda para siempre: Los nombres del durazno, la llovizna y el amor.

Aquel que por desidia, o tal vez ineptitud, modificó el nombre del dios guerrero, preparó la libertad de estas pampas, y también a Fierro. Sigue leyendo